A mi amigo Alberto le despidieron ayer. Alberto está separado, tiene 33 años, una hija de 6 y una hipoteca de mil euros mensuales. Durante los próximos meses cobrará un paro que apenas alcanzará los 700, porque su jefe decidió hace años pagarle parte de su sueldo dentro de un sobre. Esto son lentejas, le dijo entonces con la misma frialdad con la que ayer le puso encima de la mesa el finiquito.
En los dos últimos dos años, el desempleo en nuestra Región se ha incrementado un 228%. En Lorca hemos pasado casi de un paro estructural, a convivir con la dramática cifra de 6.500 de nuestros convecinos sin trabajo.
Trabajadores que durante años han sido mano de obra de un modelo de crecimiento que ha llenado la saca de unos pocos pero que se ha llevado por delante a decenas de miles de personas.
Un modelo que degradó la naturaleza, que alimentó la corrupción, que amparó la especulación, el fraude, que nos dio pan para ayer pero nos dijo tontos, que precarizó nuestros contratos de trabajo e hipotecó nuestro futuro a 30 años.
Ahora, produce cierta rabia e impotencia, comprobar cómo se sacuden el polvo y miran para otro lado, los mismos que se pusieron las medallas durante los años de bonanza que precedieron a la actual recesión económica; los mismos que aplaudieron Ley del Suelo del primer gobierno de Aznar y que constituye el pecado original de la crisis inmobiliaria en España; los mismos que hicieron seguidismo de las políticas neoliberales impulsadas desde EE.UU y que dieron oxígeno al fenómeno de burbujas especulativas y de ganancias rápidas y fáciles que beneficiaban a unos pocos a corto plazo pero que, con el tiempo, han perjudicado a toda la sociedad.
Son quienes nos gobiernan en esta Región. Los que disparan balones fuera, los que jamás asumen responsabilidades y aprendieron bien que una mentira, repetida mil veces, termina convirtiéndose en verdad. Por eso ellos no son culpables de nada… Por eso, los malos somos otros.
En los dos últimos dos años, el desempleo en nuestra Región se ha incrementado un 228%. En Lorca hemos pasado casi de un paro estructural, a convivir con la dramática cifra de 6.500 de nuestros convecinos sin trabajo.
Trabajadores que durante años han sido mano de obra de un modelo de crecimiento que ha llenado la saca de unos pocos pero que se ha llevado por delante a decenas de miles de personas.
Un modelo que degradó la naturaleza, que alimentó la corrupción, que amparó la especulación, el fraude, que nos dio pan para ayer pero nos dijo tontos, que precarizó nuestros contratos de trabajo e hipotecó nuestro futuro a 30 años.
Ahora, produce cierta rabia e impotencia, comprobar cómo se sacuden el polvo y miran para otro lado, los mismos que se pusieron las medallas durante los años de bonanza que precedieron a la actual recesión económica; los mismos que aplaudieron Ley del Suelo del primer gobierno de Aznar y que constituye el pecado original de la crisis inmobiliaria en España; los mismos que hicieron seguidismo de las políticas neoliberales impulsadas desde EE.UU y que dieron oxígeno al fenómeno de burbujas especulativas y de ganancias rápidas y fáciles que beneficiaban a unos pocos a corto plazo pero que, con el tiempo, han perjudicado a toda la sociedad.
Son quienes nos gobiernan en esta Región. Los que disparan balones fuera, los que jamás asumen responsabilidades y aprendieron bien que una mentira, repetida mil veces, termina convirtiéndose en verdad. Por eso ellos no son culpables de nada… Por eso, los malos somos otros.

